20090317

Historia de una fotografía


Conocí a Dita en marzo de 1999, en un campo de refugiados en la frontera entre Albania y Kosovo. Quedaban dos semanas para que la OTAN iniciara los bombardeos contra objetivos militares serbios en la provincia de mayoría albanesa.

Entonces yo era un periodista freelance, muerto de hambre, pero con mucha ilusión por descubrir algunas verdades entre todas las mentiras del periodismo de entonces. El hijo de Dita me vio haciendo fotos a los niños y me invitó a tomar un café turco en su "casa", un cuarto donde vivían la abuela, dos hijos y ocho nietos.

Le pedí permiso para hacer algunas fotos a los miembros de la familia. Estéticamente, los albaneses me parecen sacados de otra época. Unen, a una mezcla de rasgos duros, una gran expresividad y la dignidad del que, sabiéndose del país más pobre de Europa, mantiene el orgullo de su origen.

Tras las fotos, Dita empezó a llorar y a hablar en voz alta con su hijo. "Siento haberla molestado", me anticipé a la bronca. El hijo de Dita se acercó y me dijo algo que no se me ha olvidado. "No llora de tristeza, llora de alegría. Está sonriendo. Después de tantos meses olvidados, alguien se interesa por nosotros. Publica esas fotos y cuenta lo que has visto".

Tras una breve sesión con los niños (entre risas y juegos), salí a dar una vuelta con el hijo de Dita. "Mi padre luchó en tu país, en las brigadas internacionales. Sobrevivió a seis guerras. Después de tanta lucha, esa es la principal razón por la que quiero regresar a Kosovo, no es por mí ni por mis hijos. Nosotros sobreviviremos en cualquier sitio. Es por mi madre, para que al menos durante unos años pueda vivir, por fin, en paz".

Toda fotografía tiene una historia detrás. Cuando me planté frente a Dita con mi cámara, sentí la responsabilidad personal de saber recoger en un instante toda esa impresionante historia familiar. Y, en este caso, creo que me acerqué a ese instante.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Precioso texto, amigo Fer. Lástima que no lo puedas presentar junto con la fotografía para el concurso. De cualquier manera, la foto, por sí sola, transmite muchas sensaciones.
Pero no me jodas, tío, si esa vieja se está riendo yo soy el Arzobispo de Canterbury. ¿Le contaste el chiste de caperucita al revés para que se riera con tantas ganas?
Fuera de bromas, y ahora en serio, es una imagen con mucho contenido. Espero que tengas mucha suerte en el concurso.
Un fuerte abrazo, amigo.
P.D Entre nosotros, ¡vaya remontada a los dardos el otro día!
Se te quedó la cara de la vieja, por lo de la risa, digo.

kt dijo...

Me encanta esta foto de Dita.
La verdad es que mi primera impresión al verla es la de estar observando una pintura del renacimiento alemán u holandés.

Trasmite intensidad en la mirada y años de duro trabajo y esfuerzo marcados con cincel en su rostro.

Seguro que consigue llegar a muchos, a mí al menos muy hondo.
Enhorabena y suerte

Besos
Kt

fernusan@gmail.com dijo...

Sister, a mi me recordó algo parecido cuando la revelé, cuando las hice estaba demasiado ocupado en intentar hacer una foto decente con tan poca luz y tanto humo como había en la habitación.

Estimado arzobispo de Canterbury, la cara de poker pasará a cara de feldespato cuando te gane a concursos y no sólo a los dardos (para una vez que ganas...). Eso no quita para que necesites un traje nuevo.

Besos!

Anónimo dijo...

Nunca dejará de sorprenderme tu talento. La foto transmite tanto...

Ojalá ganes.

Petonets

Anónimo dijo...

gracias Anusca, invitaré a copas si gano.


Espero que hayas sobrevivido a tu primera semana de reinserción social, ya nos contarás.

Petonet!
Fer

Rrramone dijo...

Great image.

fernusan@gmail.com dijo...

Will, thanks for your visit and comment, I appreciate